El viejo arbol
Había una vez un parque lleno de árboles, patitos, lagos y bancas. En el centro del parque había un precioso y muy viejo árbol. El árbol era muy alto y tenía ramas muy largas. Algunas de sus ramas parecían brazos locos invitando a los niños a jugar con él.
El viejo árbol era inmensamente ancho y grande, la gente decía que eso era porque había tomado mucha agua de lluvia. Tenía 103 años y estaba bastante cansado. Sus ramas estaban tan frágiles que los guarda parques tenían miedo que se rompieran y decidieron levantar una cerca alrededor del árbol y poner un letrero. El árbol no entendía lo que el letrero decía, él no sabia leer, lo único que sabia era que ya los niños no jugaban con él y eso lo ponía muy, pero muy triste.
Un día el árbol escuchó a una persona leyendo el letrero en alta voz -
Árbol centenario. Monumento histórico nacional. Por favor no pase.
El árbol se asusto mucho. Sus ramas jamás volverían a jugar con los niños, nos los escucharía reír más. Moriría solo y triste.
Al árbol no le interesaba si él era centenario o no, la verdad es que ni sabia lo que significaba ser centenario, lo único que el quería era que los niños jugaran con el.
Pasaron los días y él seguía esperando por que los niños regresaran, pero ya se estaba cansando de esperar. Una tarde de primavera, unos niños brincaron la cerca y subieron a sus ramas. Estuvieron hablando y riendo por un largo rato, se contaron historias de cosas que ellos quisieran hacer.
El árbol estaba tan feliz, estaba calladito escuchando, sus hojas de nuevo se movían con la riza de los niños. A nuestro querido árbol se le ocurrió una idea mágica, les haría una trampita para que los niños regresaran todos los días.
Gus, el primer niño en subirse a sus ramas, le contaba a sus amigos que le gustaba una niña llamada Carly pero que ella ni lo miraba. El árbol escuchando esto lo salpico con un polvo de confianza, eso le daría a Gus el valor de hablar con Carly al dia siguiente.
El próximo día después del colegio, los niños corrieron al árbol, Gus le dijo a sus amigos que estaba muy contento porque por fin había tenido el valor de hablarle a Carly y ahora ellos eran amigos. Gus le dio crédito al viejo árbol por su buena suerte.
Por fin el árbol estaba feliz y tocaba música muy fuerte con sus hojita
Cada día el árbol se ponía más fuerte y era más feliz, jugando con los niños la llama de la vida se le había vuelto a encender.
La cerca la quitaron, removieron el letrero. El Árbol Centenario ahora se llama Abuelito Árbol
Cuantos de nosotros tenemos viejos árboles en nuestras vidas. En algunas culturas ser viejo es signo de inteligencia. Nosotros necesitamos a nuestros viejos tanto como ellos nos necesitan a nosotros
Todos necesitamos atención, por favor no se olviden de los árboles viejos en sus vidas.
El viejo árbol era inmensamente ancho y grande, la gente decía que eso era porque había tomado mucha agua de lluvia. Tenía 103 años y estaba bastante cansado. Sus ramas estaban tan frágiles que los guarda parques tenían miedo que se rompieran y decidieron levantar una cerca alrededor del árbol y poner un letrero. El árbol no entendía lo que el letrero decía, él no sabia leer, lo único que sabia era que ya los niños no jugaban con él y eso lo ponía muy, pero muy triste.
Un día el árbol escuchó a una persona leyendo el letrero en alta voz -
Árbol centenario. Monumento histórico nacional. Por favor no pase.
El árbol se asusto mucho. Sus ramas jamás volverían a jugar con los niños, nos los escucharía reír más. Moriría solo y triste.
Al árbol no le interesaba si él era centenario o no, la verdad es que ni sabia lo que significaba ser centenario, lo único que el quería era que los niños jugaran con el.
Pasaron los días y él seguía esperando por que los niños regresaran, pero ya se estaba cansando de esperar. Una tarde de primavera, unos niños brincaron la cerca y subieron a sus ramas. Estuvieron hablando y riendo por un largo rato, se contaron historias de cosas que ellos quisieran hacer.
El árbol estaba tan feliz, estaba calladito escuchando, sus hojas de nuevo se movían con la riza de los niños. A nuestro querido árbol se le ocurrió una idea mágica, les haría una trampita para que los niños regresaran todos los días.
Gus, el primer niño en subirse a sus ramas, le contaba a sus amigos que le gustaba una niña llamada Carly pero que ella ni lo miraba. El árbol escuchando esto lo salpico con un polvo de confianza, eso le daría a Gus el valor de hablar con Carly al dia siguiente.
El próximo día después del colegio, los niños corrieron al árbol, Gus le dijo a sus amigos que estaba muy contento porque por fin había tenido el valor de hablarle a Carly y ahora ellos eran amigos. Gus le dio crédito al viejo árbol por su buena suerte.
Por fin el árbol estaba feliz y tocaba música muy fuerte con sus hojita
Cada día el árbol se ponía más fuerte y era más feliz, jugando con los niños la llama de la vida se le había vuelto a encender.
La cerca la quitaron, removieron el letrero. El Árbol Centenario ahora se llama Abuelito Árbol
Cuantos de nosotros tenemos viejos árboles en nuestras vidas. En algunas culturas ser viejo es signo de inteligencia. Nosotros necesitamos a nuestros viejos tanto como ellos nos necesitan a nosotros
Todos necesitamos atención, por favor no se olviden de los árboles viejos en sus vidas.
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